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Piqueranos   

El siguiente texto es una transcripción de un articulo escrito por un cronista de Molina en recuerdo del tio Charro. Publicado al dia siguente del fallecimiento de nuestro paisano. El documento original ha sido aportado por Sebastien Sanz biznieto del tio Charro.
El Tio Charro (por el Solitario)

Pobre tío Charro !Cuando ayer bajo un cielo triste y plomizo que a menudo sollozaba en forma de frecuentes aguaceros y entre una fila compacta de público, vimos pasar el coche fúnebre que conducía a su última morada los restos mortales del popular tío Charro. Al ver la seriedad y el silencio de la muchedumbre, pensamos que Molina perdía a la persona más popular, más graciosa y más simpática. Perdía a un hombre que llenaba sus calles. Un hombre a cuyo alrededor se colocaban chicos, hombres y mujeres, para escuchar mil anécdotas o cosas curiosas de las que al tío Charro le habían sucedido.
Su vida de aventura y trabajo, de zozobras y de pesares, estaba llena de ellas. El tío Charro ha sido peón, segador, jornalero, minero, en fin, mil oficios y trabajos por esos mundos de Dios. Hoy era simplemente millonario. Según el nos contó varias veces, al salir le apedrearon. Cuando al cabo de los años volvió, para recoger dos maletas, salieron a recibirle con más de treinta mulas. Pero ya no se acordaba de la despedida. Su corazón bondadoso no pensaba en aquellas nimiedades. Francia fue el lugar donde trocó su miserable estado, por una cuantosa fortuna. Cuando sus hijos ya colocados no necesitaban la mirada tutelar del padre para desenvolverse, él volvió con su esposa, compañera inseparable de su vida e este rincón de Castilla, que pródiga le abrió sus puertas, porque sabia que llegaba un hombre de cuerpo entero. Trabajador y simpático, alegre y limosnero, y si no que lo digan los pobres. Ellos saben lo que el tío Charro les ayudaba. Les contaba con frecuencia su vida. No era de aquellos que unavez conquistado el pedestal de la fortuna olvidad al que sigue bajo el peso de su miseria. El sabía como nadie de esa vida, y ahora que podia la remediaba en la medida de sus fuerzas, que eran muchas. ¡ Pobre tío Charro! ¡Cuánto se le recordará en Molina!
Siempre alegre hacia olvidar los trabajos cotidianos y reían las ocurrencias de este hombre que tenia el poder de distraer…. Su cara era francamente fea. Muchas veces lo, hemos visto nosotros, llamaba a cualquier transeúnte y le preguntaba entre serio y burlón “Oye: ¿ has visto alguno más feo que yo?. La risa brotaba espontánea del interrogado y ahí tenias a un nuevo amigo del tío Charro, al que servía en todo lo que hiciese falta. Tenía eso que llamamos “don de gentes”. En cierta ocasión presenciamos la siguiente escena: Salia para Madrid un mozo alegre y simpático como el, y como viese que el padre del muchacho quedase algo preocupado, le dijo: “Oye, no te preocupes. Viniendo con el Charro, nadie verá a tu hijo borracho, pero con hambre tampoco. Y así era este hombre, todo simpatía y bondad. ¡ Pobre tío Charro¡ cuando salgamos a la calle o vayamos al casino todavía creeremos que vamos a encontrarlo con su sombrero de ala ancha, su cigarro puro y su garrote de mil nudos y curvas en los que caprichosamente iban grabados mil dibujos y figuras. Todavía creemos que vamos a oír de sus labios mil anécdotas o cuentos. ¡ cuanto se echa de menos sus charla, sobre todo en estas tardes grises de invierno, en que, sentados tranquilamente en una butaca del café que tanto frecuentara, se oye en silencio el resbalar cansino del agua sobre la calzada.

Molina y Marzo

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